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INVESTIGACION
VIVIR CON EL CAMBIO GLOBAL
RIESGOS PARA EL SISTEMA TERRESTRE
Los registros
paleolíticos muestran que los cambios abruptos
y las sorpresas son un rasgo distintivo del Sistema
Terrestre, y que los extremos ambientales más
allá de los registros ocurren frecuentemente
durante el período de registro instrumental.
El episodio del ozono estratosférico demuestra
que las fallas catastróficas del sistema Terrestre
no sólo son posibles, sino que hace muy poco
la humanidad se escapó de una de éstas.
Otra de las fallas catastróficas es posible
en la medida en que el Sistema Terrestre en su conjunto,
se ajuste a un conjunto de fuerzas humanas interactivas,
cada vez más rápidas.
Un ejemplo de las potenciales perturbaciones catastróficas
del Sistema Terrestre es un cambio en la capacidad
de las bioesferas marinas y terrestres para disminuir
la acumulación de CO2; es posible que en este
siglo esta capacidad se pudiera debilitar o fallar
por completo. Actualmente, los sumideros tanto oceánicos
como terrestres, en promedio, eliminan por medio de
la combustión de combustibles fósiles
casi la mitad del CO2 emitido hacia la atmósfera.
Los sumideros terrestres son muy sensibles a la variabilidad
del clima, siendo aún más sensibles
en años cálidos. Los modelos basados
en los procesos que controlan los sumideros terrestres
indican que su sensibilidad se nivelará cerca
de mediados de siglo y podría bajar después.
Al mismo tiempo, la acumulación de CO2 continuará
inexorablemente a menos que se elimine efectivamente.
Simulaciones
de los modelos de la capacidad de la biosfera terrestre
para absorber CO2 desde la atmósfera como concentraciones
de CO2 atmosférico y el cambio climático.
La zona en gris representa los resultados de los cambios
sólo de la concentración de CO2. Desde
fines de los años 1800 hasta el año
2050, la superficie de la tierra actúa como
un sumidero en expansión. Después del
año 2050, los modelos sugieren que la biosfera
terrestre pierde su capacidad para absorber el carbono
adicional desde la atmósfera. El sumidero
de carbono se satura.
La captación
de CO2 por parte del océano también
es sensible a la temperatura, ya que la solubilidad
del CO2 en el agua de mar disminuye, así como
los gusanos de mar. Las simulaciones de los procesos
de control biológico de la captación
de CO2 en los océanos, indican que este sumidero
también se debilitará con el cambio
climático proyectado. Debido a que los principales
procesos que separan el carbono de la atmósfera
están muy propensos a debilitarse en este siglo,
el freno del Sistema Terrestre para detener la acumulación
de CO2 en la atmósfera, producto de las actividades
humanas, podría fallar y la concentración
podría aumentar fuertemente, derivando en una
cadena de intercambios positivos en el Sistema Terrestre
que podrían impulsarlo a otro estado.
Otra potencial perturbación catastrófica
en el Sistema Terrestre es la disminución o
detención de la circulación termohalina
del Atlántico norte, con su consecuente cambio
en la corriente del Golfo de México. Gran parte
del calor es transportado globalmente con el movimiento
de las aguas oceánicas. Por ejemplo, la región
este de Atlántico norte es un receptor de calor
en el proceso que hace la vida mucho más placentera
en los 60ºN en Escandinavia que en el norte de
Canadá o en Siberia. La circulación
que libera el calor al Atlántico norte es impulsada
por la formación de hielo en Groenlandia y
en el Artico. La sal es impulsada fuera del hielo
a medida que se forma; por lo tanto, el agua que rodea
el hielo es helada y salada. El aumento de la densidad
hace que el agua de la superficie se hunda. A medida
que esto sucede, las aguas más cálidas
de la corriente del Golfo de México y la corriente
del Atlántico norte son reemplazadas y completan
la circulación. A medida que las aguas más
cálidas se enfrían, éstas liberan
el calor a las regiones adyacentes. Si la circulación
se debilitara o se revirtiera, los efectos sobre el
clima serían más marcados; se sabe que
estos cambios repentinos ya han ocurrido en el pasado.
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Los registros paleolíticos muestran los impresionantes y
repentinos cambios del clima de los últimos
15.000 años en el hemisferio norte; existe
suficiente evidencia de que estos cambios estaban
relacionados con una disminución o con una
reorganización de la circulación oceánica
en el Atlántico norte. ¿Podrían
las actuales fuerzas humanas combinadas del Sistema
Terrestre gatillar un cambio similar en las próximas
décadas? Hasta ahora, la pregunta no tiene
respuesta. Sin embargo, en el futuro se debería
poder responder si la posibilidad de una catástrofe
aún mayor se puede evitar.
El desarrollo
del agujero de la capa de ozono fue una consecuencia
imprevista e involuntaria de la masificación
del uso de los clorofluorocarbonos (CFC), en forma
de aerosoles, tarros de spray, solventes, refrigerantes
y en forma de agentes espumantes. Si, inadvertidamente,
se hubiese usado bromofluorocarbono en vez de clorofluorocarbono,
los resultados habrían sido catastróficos.
Sin embargo, sobre una base de átomo por átomo,
la bromina es casi 100 veces más efectiva que
la clorina para destruir el ozono. Como el laureado
premio Nobel Paul Crutzen ha escrito: esto saca
a relucir el espantoso pensamiento de que si la industria
química hubiese desarrollado compuestos de
organobromina en vez de los clorofluorocarbonos (o
en forma alternativa, si la química de la clorina
se hubiese comportado más parecido a la de
la bromina), entonces, sin ninguna preparación,
tendríamos que haber enfrentado, durante la
década del 70, un catastrófico agujero
de ozono en todas partes y en todas las estaciones
del año, probablemente antes de que los especialistas
en química hubiesen desarrollado los conocimientos
necesarios para identificar el problema y las técnicas
apropiadas para las mediciones necesarias críticas.
Tomando en cuenta que ninguna persona hubiese pensado
en las consecuencias de la liberación de Cl
o de Br antes de 1974, sólo puedo concluir
que la humanidad ha sido muy afortunada Fuente:
P. Crutzen (1995) My Life with O3, NOX y otros YZOXS.
Premio Nobel 1995. Estocolmo: Almqvist & Wiksell
International. Pp. 123.157.
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